miércoles 27 de mayo de 2009

Una mirada a ser diferentes

Lo dijo hace mucho tiempo un tonto luminoso que se llamó Gibran Khalil Gibran*:

Tanto la semilla intacta
como la que rompe su cáscara
tienen las mismas propiedades.

Sin embargo, sólo la que rompe su cáscara
es capaz de lanzarse a la aventura de la vida.

Esta aventura requiere una única osadía:
descubrir que no se puede vivir a través de la experiencia de los otros,
y estar dispuesto a entregarse.

No se puede tener los ojos de uno,los oídos de otro,
para saber de antemano lo que va a ocurrir;
cada existencia es diferente de la otra.
No importa lo que me espera,
yo deseo estar con el corazón abierto para recibir.

Que yo no tenga miedo de poner mi brazo en el hombro de alguien,
ni aunque me lo corten.
Que yo no tema hacer algo que nadie hizo antes,
ni aunque que me hieran.
Déjenme ser tonto hoy, porque la tontería es todo lo que tengo
para dar esta mañana; me pueden reprender por eso,
pero no tiene importancia.

Si queres leer el articulo,............ vale la pena
http://recreandonos.bligoo.com/content/view/274820/Usted-es-Tonto-Una-mirada-a-Ser-Diferentes.html

martes 14 de abril de 2009

PLANTAS y ANIMALES SAGRADOS

Extraido de: Capítulo XVI de Los Símbolos Precolombinos.
Autor: Federico Gonzalez
El hombre arcaico no se siente solo ni aislado en la naturaleza ni pretende ser su propietario. Los animales, las plantas y hasta las piedras, así como los ríos, lagos y lluvias constituyen parte de su ser. Igualmente lo es el firmamento con sus variadas formas y las épocas y ciclos naturales de vida, muerte y resurrección ejemplificados por las estaciones del tiempo y los movimientos de los astros, a saber: la vida misma como un ritual perenne y una interrelación o entrecruzamiento de energías constantes, horizontales y verticales, espaciales y temporales. Razón por la que el mundo entero es un código que puede entenderse y leerse tanto en las configuraciones del cielo como en los símbolos que son las plantas y los animales. Sin duda, el símbolo vegetal más claro es el del árbol, o la planta en general, como representación de las energías cósmicas. Copa, tronco y raíces constituyen sus niveles aéreo, terrestre y subterráneo, equiparables a cielo, tierra e inframundo, como ya lo hemos indicado. Por otra parte, la planta, o el árbol, es un símbolo axial y vertical capaz de conectar estos diferentes niveles o mundos entre sí, y por lo. tanto un medio de comunicación, un vehículo entre cielo y tierra. Pero no sólo la planta es un signo claro y lleno de contenido, también lo es la agricultura, o sea el cultivo de las mismas y las etapas procesuales de su siembra, desarrollo y fructificación, las que también conforman un conjunto de símbolos, de secuencias ligadas a la idea de vida-muerte-resurrección presente en todos los mitos y ritos agrarios. La planta de maíz ocupa en este sentido una situación central puesto que ensamblada en el meollo de las culturas americanas cumple una función esencial en el complejo mundo precolombino ya que es un testigo evidente del reciclaje e interacción constante de las fuerzas cosmogónicas, de las energías descendentes y ascendentes que se concentran en la semilla y se despliegan en la planta y su fruto: la mazorca.


En otros términos, podría hablarse de una conjunción de principios o elementos. El agua evidentemente se expresa por las lluvias al igual que el aire por el viento. El fuego presta su calor para que se genere la simiente en la matriz de la tierra. Igualmente en lo vinculado a los estados de la materia a partir del calor del fuego: sólido, líquido y gaseoso. Esta constante rotación y conjunción de opuestos se encuentra siempre presente en una concepción tradicional o arcaica. Por lo tanto el entero mundo y cualquier entorno se halla animado por espíritus invisibles que se expresan mediante símbolos y fenómenos visibles. En ese caso el alimento que se obtiene de la planta es también sagrado y por lo tanto un manjar nutritivo excelso, a tal punto que es fuente de vida para el hombre. Una planta mágica, o Arbol de Vida arquetípico que lo da todo continuamente sin esperar nada, verdadero regalo de los dioses a los humanos, quienes extraen su existencia de este sustento divino. Se comulga con la divinidad cuando se come el maíz y la preparación de los distintos alimentos que con él se fabricaban antiguamente se efectuaba –y aún en algunas partes se efectúa– de modo ritual al igual que las etapas de su siembra y recolección.

Los animales-símbolos se refieren a determinadas energías cósmicas. Para la simbólica precolombina este es el caso del complejo águila-serpiente-jaguar, y su integración en determinadas concepciones como la serpiente emplumada (dragones con alas y tigres, o leones alados, son frecuentes en varias tradiciones). Podríamos decir que en una cosmovisión como la indígena estas energías se interrelacionaban promoviendo el equilibrio armónico del mundo a través del desequilibrio y la desarmonía de las partes, o fuerzas.3 El equilibrio de energías debía, a toda costa, establecerse a como diera lugar, aunque fuese por medio de la guerra. Eso explica las órdenes de caballeros águilas y jaguares o halcones y pumas en México y Perú, y las batallas rituales que llevaban a cabo (la 'guerra florida' mesoamericana), pues ellas eran símbolos de las fuerzas cósmicas en continua interacción y por lo tanto en constante oposición y fricción. En términos generales el águila representa las posibilidades de lo aéreo y celeste; la serpiente al elemento intermediario o tierra (aunque hay que remarcar la existencia de una serpiente celeste); el jaguar es asimilado invariablemente a las energías bestiales, al punto de hacer de él un dios del inframundo. Sin embargo la piel del jaguar es igualmente el firmamento y sus manchas son las estrellas, las que a su vez son los ojos de los animales invisibles de la noche. Igualmente en la piel de la serpiente mesoamericana están inscriptos todos los secretos cosmogónicos (como en el caparazón de la tortuga, para los chinos) y por lo tanto es un símbolo sagrado evidente. Esta interrelación entre animales terrestres, del inframundo, y bestias celestes es clara en las tradiciones americanas y parece como normal y establecida. Eso se debe a que para los precolombinos los dioses del cielo y los del inframundo son los mismos, pero invertidos, y descienden y ascienden por un idéntico eje vertical. Los hindúes pensaban de igual modo puesto que los asura, no son sino devas 'caídos'. En igual sentido se expresan las angeologías judaica, cristiana e islámica.
………………….
Recordemos una vez más que para las culturas precolombinas la vida es mágica y se expresa por la sacralidad de la naturaleza. Magia es advertir y comprender la generación, estudiar el crecimiento de una planta o los movimientos animales del cielo. Y sobre todo la correspondencia de estos ciclos vitales y su complementación produciendo la armonía universal. Los hombres de hoy solemos pensar en el creador como un misterio, (y tal vez algunos de nosotros en el misterio de lo increado), pero a veces olvidamos el perfecto misterio de la creación, de la criatura siempre viva. El maíz es tal vez una de las encarnaciones más evidentes de la energía que produce ese misterio, y era tomado como un prototipo asombroso de la generación, lo que asimismo expresa el grado de conocimiento y la cultura del agro americana.

viernes 20 de marzo de 2009

Taller de Creatividad

Camila, pequeña Gran Mujer Sabia


Los Guardianes, creados por los niños con material reciclado.

viernes 6 de marzo de 2009

En el fondo del athanor

Hoy la desazón y la angustia
me corroen el alma,
vagan por cada una de mis celulas
como habitantes siniestros.
Hoy nada me importa,
el sol es fatuo,
la vida es fatua.
Nada tiene sentido,....
me aburre la tristeza,
la cual disfrazo de enojo.
El dia esta nublado,que bueno!
el gris me hace bien,
estoy de luto.
Mi sol se apagó,
la risa es una mueca,
los ojos en pena infinita.....
Me entrego,
y caigo
a lo mas profundo
de este negro sepulcro.....
quiero morirme..........
aliementarme de cenizas,
cubrirme de cenizas.......
hasta que sea el momento de renacer
nuevamente,
al sol.
Mar 2006
(momento alquímico)

martes 3 de marzo de 2009

La niña que dejo en silencio a la ONU por 5 minutos.

http://www.youtube.com/watch?v=DLV6jaZFLro

miércoles 25 de febrero de 2009

LA TRADICION HERMETICA

Extraido de Capítulo IV del libro La Rueda, Una Imagen Simbólica del Cosmos de Federico González (Symbolos, España, 1986).




El alquimista y el astrólogo trabajan solos. Así se los puede ver en numerosos grabados de la iconografía hermética. O bien estudiando, meditando u orando, cuando no absortos en la contemplación de sus hallazgos. La obra hermética se produce en la interioridad del athanor (analógicamente, del templo del hombre). Lo cierto es que esta tradición propone el conocimiento mediante el estudio de la cosmogonía. Estudiar las leyes cosmogónicas no supone la erudición literal, o el cómputo de detalles banales, que para estas disciplinas son cosas secundarias, si no a veces entorpecedoras.

Conocer la cosmogonía supone ser uno con ella. Estar vivo o haber nacido al verdadero estado humano. Este hecho asombroso incluye una pérdida y un hallazgo de identidad, una muerte y una resurrección, que se realizan innumerables veces en varios años, en el athanor del alquimista, su interioridad. Y le da también la materia con qué seguir trabajando en este proceso alquímico, llamado también de iniciación en la senda del conocimiento y de la vida real.
Conocer una cosmogonía significa vivir el mandala tridimensional del cosmos. Comprender la revelación de un universo y sus leyes, absolutamente diferente del que nos fue enseñado. Donde los valores son tan otros, que únicamente pueden ser percibidos por medio de una total conversión psicológica.
Este proceso necesita de un orden y de un trabajo. No sólo tiene enormes riesgos de desviación de muchos tipos (los cuales, generalmente, son parte del proceso), sino que puede resultar casi imposible de realizar, por indefinidos motivos. Se dice que es difícil, pero no imposible. En el camino pueden quedar, entre otras cosas, la salud, la fama y la honra, es decir, toda seguridad.




Pero la recompensa es la identidad, el conocimiento, el ser.



El aprendiz de alquimista está dispuesto a la realización espiritual, que incluye el conocimiento vivo de las leyes del cosmos, en definitiva, el conocimiento de sí mismo, y de la realidad, del orden, de la vida. Recibirá, pues, lo que ha deseado, siempre que su trabajo sea paciente y sacrificado y pase las pruebas de los héroes mitológicos.


Debe llevar su trabajo hermético a todo nivel en su vida y su cotidianidad, pues se trata de la recuperación de la luz -la lucidez-, utilizando el emotivo fuego de la sangre. El estudio de las disciplinas herméticas y de los textos mágicos, se alternará con la constante meditación y el trabajo interno, sagrado, y se sorprenderá entonces de verse cada vez más extranjero en el mundo de las causas y efectos.
Ese espacio interno podrá albergar las estructuras con las cuales construir un nuevo cosmos, o mejor, las descubrirá en sí mismo y manifestándose por doquier. Podrá entonces vivir de la mañana hasta la noche -y en sus mismas horas de reposo- un nuevo mundo, cada vez más asombroso, cuya característica es la riqueza y también el esplendor. Siendo tanto lo que tiene en las manos, ha de tomar conciencia entonces de su responsabilidad con respecto a sí, y advertir que no ha sido por su mérito, ni un descubrimiento propio, lo obtenido, sino que simplemente eso es así, y que, además, a él no le pertenece. Y es más aún, reconocerá que su personalidad, tal cual la imaginaba, no existe.




Debe entonces procurar manejarse con las estrategias propias de las artes marciales y equilibrar constantemente el recorrido de su camino, el manejo de su vehículo. Este arte requiere una manipulación delicada y es probable que se aprenda a golpes; al menos se trata de una ciencia de fuertes contrastes. Pero, perseverando hasta el fin, logrará vivir en un mandala vivo, espejo del cosmos, donde toda cosa tiene significado, en las tensiones y matices propios de la armonía y el orden de lo creado, y de su sustento invisible y arquetípico. Habrá conocido la cosmogonía, y luego del bautismo lunar de Juan, de agua (de la ciencia de la escuadra), y de haber recibido el bautismo solar de Jesús, de fuego (de la ciencia del compás), y cuando haya culminado este último proceso, entonces podrá decirse que ha comprendido la esencia de la tierra y el cielo, lo que es simultáneo con su llegada al centro y equivale a estar ya listo para empezar su ascenso vertical, pues ha finalizado con los misterios menores.

domingo 22 de febrero de 2009

El Ser según Jung

Autora: Patricia Zárraga

Para la tipología de inspiración psicoanalítica de Jung, un individuo es poseedor de todas las funciones psíquicas; unas son aparentes, es decir, están instaladas en la consciencia, y otras están reprimidas.De acuerdo a esto el inconsciente estaría constituído por:

A.- el material reprimido
B.- el material subliminal convertido en psíquico (incluso las percepciones subliminales de los sentidos)
C.- el material que aún no ha alcanzado el umbral liminal de la consciencia (son los gérmenes de ulteriores contenidos conscientes).

El inconsciente no está en reposo sino ocupado constantemente en la agrupación y reagrupación de sus contenidos. Esta acción es coordinada normalmente por la consciencia en una relación compensatoria.Este inconsciente dependería de la persona misma, pero nada se opone a pensar en la posibilidad de que las tendencias inconscientes tengan un objetivo situado más allá de la persona humana. A partir de esta idea podemos distinguir dos estratos, uno más superficial llamado inconsciente personal y otro más profundo que sería el inconsciente colectivo.

A.- Inconsciente personal.-

Todos sus contenidos son de naturaleza personal, formados por adquisiciones de la existencia individual y por aquellos factores psicológicos que podrían ser también conscientes. Se nos revelan como contenidos «personales» por cuanto sus efectos o su aspecto parcial o su procedencia pueden demostrarse en nuestro pasado personal.

B.- Inconsciente colectivo.-

En esta capa más profunda de la psique se encuentran los elementos impersonales o colectivos, en forma de categorías heredadas como son los instintos y los arquetipos.En este caso, nada nos viene de nuestro propio pasado sino que una imagen histórica, universalmente propagada, vuelve a surgir por función psíquica natural, ya que el cerebro humano por muchos años ha funcionado de igual modo. Este proceso se ha llamado revivificación de un arquetipo.
El concepto de Arquetipo se deriva de la observación repetida de los mismos motivos en los mitos y cuentos de la literatura universal. Estos mismos motivos los encontramos en las fantasías, sueños y delirios de los hombres actuales. Se podría decir que es un elemento vacío en sí, ya que no es más que facultad Praeformandi, o sea una posibilidad dada a priori de la forma de representación.Es la forma de pensamiento primitiva y analógica propia de los sueños, la que elabora estas imágenes antiguas. Por lo tanto, no se trata de imágenes heredadas sino de cauces heredados.
El parecido universal de los cerebros rinde una posibilidad universal de una función espiritual homogénea. Esta función es la Psique Colectiva. En ella están contenidas las virtudes y los vicios específicos del hombre. Esto explica que los hombres primitivos, donde la diferenciación personal está en sus primeros pasos, presenten sin oposición intermedia los pares antagónicos. La oposición no aparece hasta que se inicia un desarrollo personal de la psique, con lo cual la razón vislumbra la naturaleza incompatible de los antagonismos.

La Persona:

En los pueblos primitivos, el desarrollo de la persona es cuestión de prestigio mágico. Se podría decir que la represión de uno de los opuestos pone fin al paraíso de la psique colectiva. La represión de la psique colectiva no es más que una necesidad del desarrollo de la personalidad.Los inicios de este desarrollo los podemos descubrir en el uso de máscaras o personajes como revestimiento, lo que permitía a jefes y hechiceros diferenciarse de los demás o de la psique colectiva. Este prestigio era en sí producto de un compromiso colectivo. Así la persona se convertía en verdad colectiva.
Actualmente podemos decir que la persona es un recorte de la psique colectiva, confeccionado con gran trabajo y que consiste en la suma de hechos psíquicos sentidos como personales. Este último atributo expresa la pertenencia a una persona determinada. Una consciencia personal acentúa sus derechos de propiedad de autor referente a sus contenidos e intenta crear con ellos un conjunto. Esta creación entraña un gran peligro ya que todos aquellos contenidos que no cuadran con el conjunto son olvidados, reprimidos o negados, y pasan a constituir la «sombra».
Es decir se produce un estricto proceso de autoeducación que resulta arbitrario y violento. Se sacrifican demasiados factores generales y humanos en favor de una imagen «ideal», en la cual quisiera transformarse el individuo.Como conclusión, diremos que la persona no es más que una máscara que aparenta una individualidad que se presenta como tal frente a los demás y a uno mismo, cuando en realidad sólo se trata de un rol en el que habla la psique colectiva.

Si analizamos a la persona y quitamos la máscara, descubriremos que en el fondo es colectivo lo que parecía ser individual. Prácticamente la persona no tiene nada de real.

Más bien constituye un compromiso entre el individuo y la sociedad, referente al papel que ha de desempeñar por el hecho de tener un nombre, adquirir un titulo o desempeñar un cargo siendo tal o cual personaje. No sería justo sin embargo dejar de reconocer que en la singular elección de la persona ya está incluido algo de individual y que, a pesar de una exclusiva identidad de la consciencia del «yo» con la persona, existe siempre el propio inconsciente, la verdadera individualidad exteriorizándose en forma indirecta.

Estos intentos de liberación de la individualidad de la psique colectiva son los que nos llevan en camino al proceso de Individuación.Según lo comentado anteriormente, podríamos decir que la vida psíquica comienza con el individuo siendo vivido y poseído por los arquetipos. No es el individuo quien realmente siente o quiere, sino los arquetipos a través de él. Son «ellos», los arquetipos, los que viven y deciden por él. La consciencia individual es, pues, minúscula en esta fase.

El héroe actual se ha psicologizado a tal punto que en vez de espada emplea las cuatro funciones de la tipología junguiana: pensamiento, sentimiento, sensación e intuición.En algunos mitos, el héroe no espera a los monstruos sino que sale a su encuentro. En la psicología junguiana la situación es análoga y esencialmente distinta.

La victoria de la consciencia sobre los arquetipos como la Sombra, el Anima, el Animus, y cualquier otro, jamás es la destrucción. Es en realidad una fusión donde la consciencia - el héroe - vence al arquetipo. Si vence al Anima no sólo cambia ésta en su ser sino también el ego, que se hace consciente. En ambos se produce un proceso de muerte y transfiguración. El ego que ha entrado en contacto profundo con la región de su ser en que anida la femineidad o emocionalidad (ánima) resurge de forma distinta. Ha sufrido una transformación alquímica.

El proceso de Individuación:

Es el proceso por el cual se engendra un individuo psicológico, es decir, una unidad aparte, indivisible, un todo. Individuación significa llegar a ser uno mismo. Como sinónimo podríamos hablar de autorrealización. Este «Yo» o «Ser>> o «Sí Mismo» se nos muestra como imagen psicológica de lo divino, o «imago Dei». Este concepto procede de los Padres de la Iglesia, según los cuales la imagen de Dios está acuñada en el alma del hombre. Si una imagen de este tipo emerge espontáneamente, debe entenderse como un símbolo del Ser o Sí Mismo, ya que es la proyección de esa imagen de Dios que llevamos dentro y no una imagen externa.

Jung usó el término Ser o Yo para este sustrato inconsciente, cuyo exponente en la consciencia personal es el ego. El ego es respecto al Yo como lo movido respecto al motor, o como el objeto al sujeto, pues los factores determinantes que irradian del Yo rodean al ego en todas partes, subordinándolo. Por esto el Yo es aquello de lo que venimos, aquello que anhelamos y aquello con lo que queremos fundimos. El Yo incluye al ego, pero el Yo y el ego pueden dialogar como representantes del Ser en sí y de la limitada personalidad consciente. El Yo está oculto, pero ama ser descubierto.

Podemos concluir que la finalidad de la individuación no es otra que la de liberar al Yo de los envoltorios postizos de la persona y del poder sugestivo de las imágenes inconscientes,En contraste con las descripciones orientales, para Jung esta autorrealización sugiere un movimiento activo, creativo y urgente, contrario al diluirse en una consciencia difusa.

En este caso no se disuelve ni desaparece el ego. La individuación desafía al ego a entrar en una condición desconocida en vez de permanecer cautivo de lo habitual y familiar. A la vez es importante reconocer que sin este ego psicológico no hay nadie que pueda vivir la vida o experimentar el Yo.

Este Yo, o punto central virtual, es de una constitución tan misteriosa que lo podrá incluir todo, parentesco con animales y con dioses, con cristales y con astros, sin que ello nos produzca admiración alguna, sin que siquiera lo desaprobemos.
Jung lo postuló como una hipótesis de trabajo, un supuesto psicológico no comprobable científicamente, al que igualmente - según él - podría llamarse «el Dios en nosotros». Dijo que entre ese Ser y el yo existía la misma relación que entre el sol y la tierra. No es posible confundir a ambos. Se halla colocado más allá de nuestra razón humana y por esto es incomprensible para nosotros.Hacia esa finalidad trascendente tiende nuestro anhelo y hacia ella nos esforzamos.