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domingo, 22 de febrero de 2009

El Ser según Jung

Autora: Patricia Zárraga

Para la tipología de inspiración psicoanalítica de Jung, un individuo es poseedor de todas las funciones psíquicas; unas son aparentes, es decir, están instaladas en la consciencia, y otras están reprimidas.De acuerdo a esto el inconsciente estaría constituído por:

A.- el material reprimido
B.- el material subliminal convertido en psíquico (incluso las percepciones subliminales de los sentidos)
C.- el material que aún no ha alcanzado el umbral liminal de la consciencia (son los gérmenes de ulteriores contenidos conscientes).

El inconsciente no está en reposo sino ocupado constantemente en la agrupación y reagrupación de sus contenidos. Esta acción es coordinada normalmente por la consciencia en una relación compensatoria.Este inconsciente dependería de la persona misma, pero nada se opone a pensar en la posibilidad de que las tendencias inconscientes tengan un objetivo situado más allá de la persona humana. A partir de esta idea podemos distinguir dos estratos, uno más superficial llamado inconsciente personal y otro más profundo que sería el inconsciente colectivo.

A.- Inconsciente personal.-

Todos sus contenidos son de naturaleza personal, formados por adquisiciones de la existencia individual y por aquellos factores psicológicos que podrían ser también conscientes. Se nos revelan como contenidos «personales» por cuanto sus efectos o su aspecto parcial o su procedencia pueden demostrarse en nuestro pasado personal.

B.- Inconsciente colectivo.-

En esta capa más profunda de la psique se encuentran los elementos impersonales o colectivos, en forma de categorías heredadas como son los instintos y los arquetipos.En este caso, nada nos viene de nuestro propio pasado sino que una imagen histórica, universalmente propagada, vuelve a surgir por función psíquica natural, ya que el cerebro humano por muchos años ha funcionado de igual modo. Este proceso se ha llamado revivificación de un arquetipo.
El concepto de Arquetipo se deriva de la observación repetida de los mismos motivos en los mitos y cuentos de la literatura universal. Estos mismos motivos los encontramos en las fantasías, sueños y delirios de los hombres actuales. Se podría decir que es un elemento vacío en sí, ya que no es más que facultad Praeformandi, o sea una posibilidad dada a priori de la forma de representación.Es la forma de pensamiento primitiva y analógica propia de los sueños, la que elabora estas imágenes antiguas. Por lo tanto, no se trata de imágenes heredadas sino de cauces heredados.
El parecido universal de los cerebros rinde una posibilidad universal de una función espiritual homogénea. Esta función es la Psique Colectiva. En ella están contenidas las virtudes y los vicios específicos del hombre. Esto explica que los hombres primitivos, donde la diferenciación personal está en sus primeros pasos, presenten sin oposición intermedia los pares antagónicos. La oposición no aparece hasta que se inicia un desarrollo personal de la psique, con lo cual la razón vislumbra la naturaleza incompatible de los antagonismos.

La Persona:

En los pueblos primitivos, el desarrollo de la persona es cuestión de prestigio mágico. Se podría decir que la represión de uno de los opuestos pone fin al paraíso de la psique colectiva. La represión de la psique colectiva no es más que una necesidad del desarrollo de la personalidad.Los inicios de este desarrollo los podemos descubrir en el uso de máscaras o personajes como revestimiento, lo que permitía a jefes y hechiceros diferenciarse de los demás o de la psique colectiva. Este prestigio era en sí producto de un compromiso colectivo. Así la persona se convertía en verdad colectiva.
Actualmente podemos decir que la persona es un recorte de la psique colectiva, confeccionado con gran trabajo y que consiste en la suma de hechos psíquicos sentidos como personales. Este último atributo expresa la pertenencia a una persona determinada. Una consciencia personal acentúa sus derechos de propiedad de autor referente a sus contenidos e intenta crear con ellos un conjunto. Esta creación entraña un gran peligro ya que todos aquellos contenidos que no cuadran con el conjunto son olvidados, reprimidos o negados, y pasan a constituir la «sombra».
Es decir se produce un estricto proceso de autoeducación que resulta arbitrario y violento. Se sacrifican demasiados factores generales y humanos en favor de una imagen «ideal», en la cual quisiera transformarse el individuo.Como conclusión, diremos que la persona no es más que una máscara que aparenta una individualidad que se presenta como tal frente a los demás y a uno mismo, cuando en realidad sólo se trata de un rol en el que habla la psique colectiva.

Si analizamos a la persona y quitamos la máscara, descubriremos que en el fondo es colectivo lo que parecía ser individual. Prácticamente la persona no tiene nada de real.

Más bien constituye un compromiso entre el individuo y la sociedad, referente al papel que ha de desempeñar por el hecho de tener un nombre, adquirir un titulo o desempeñar un cargo siendo tal o cual personaje. No sería justo sin embargo dejar de reconocer que en la singular elección de la persona ya está incluido algo de individual y que, a pesar de una exclusiva identidad de la consciencia del «yo» con la persona, existe siempre el propio inconsciente, la verdadera individualidad exteriorizándose en forma indirecta.

Estos intentos de liberación de la individualidad de la psique colectiva son los que nos llevan en camino al proceso de Individuación.Según lo comentado anteriormente, podríamos decir que la vida psíquica comienza con el individuo siendo vivido y poseído por los arquetipos. No es el individuo quien realmente siente o quiere, sino los arquetipos a través de él. Son «ellos», los arquetipos, los que viven y deciden por él. La consciencia individual es, pues, minúscula en esta fase.

El héroe actual se ha psicologizado a tal punto que en vez de espada emplea las cuatro funciones de la tipología junguiana: pensamiento, sentimiento, sensación e intuición.En algunos mitos, el héroe no espera a los monstruos sino que sale a su encuentro. En la psicología junguiana la situación es análoga y esencialmente distinta.

La victoria de la consciencia sobre los arquetipos como la Sombra, el Anima, el Animus, y cualquier otro, jamás es la destrucción. Es en realidad una fusión donde la consciencia - el héroe - vence al arquetipo. Si vence al Anima no sólo cambia ésta en su ser sino también el ego, que se hace consciente. En ambos se produce un proceso de muerte y transfiguración. El ego que ha entrado en contacto profundo con la región de su ser en que anida la femineidad o emocionalidad (ánima) resurge de forma distinta. Ha sufrido una transformación alquímica.

El proceso de Individuación:

Es el proceso por el cual se engendra un individuo psicológico, es decir, una unidad aparte, indivisible, un todo. Individuación significa llegar a ser uno mismo. Como sinónimo podríamos hablar de autorrealización. Este «Yo» o «Ser>> o «Sí Mismo» se nos muestra como imagen psicológica de lo divino, o «imago Dei». Este concepto procede de los Padres de la Iglesia, según los cuales la imagen de Dios está acuñada en el alma del hombre. Si una imagen de este tipo emerge espontáneamente, debe entenderse como un símbolo del Ser o Sí Mismo, ya que es la proyección de esa imagen de Dios que llevamos dentro y no una imagen externa.

Jung usó el término Ser o Yo para este sustrato inconsciente, cuyo exponente en la consciencia personal es el ego. El ego es respecto al Yo como lo movido respecto al motor, o como el objeto al sujeto, pues los factores determinantes que irradian del Yo rodean al ego en todas partes, subordinándolo. Por esto el Yo es aquello de lo que venimos, aquello que anhelamos y aquello con lo que queremos fundimos. El Yo incluye al ego, pero el Yo y el ego pueden dialogar como representantes del Ser en sí y de la limitada personalidad consciente. El Yo está oculto, pero ama ser descubierto.

Podemos concluir que la finalidad de la individuación no es otra que la de liberar al Yo de los envoltorios postizos de la persona y del poder sugestivo de las imágenes inconscientes,En contraste con las descripciones orientales, para Jung esta autorrealización sugiere un movimiento activo, creativo y urgente, contrario al diluirse en una consciencia difusa.

En este caso no se disuelve ni desaparece el ego. La individuación desafía al ego a entrar en una condición desconocida en vez de permanecer cautivo de lo habitual y familiar. A la vez es importante reconocer que sin este ego psicológico no hay nadie que pueda vivir la vida o experimentar el Yo.

Este Yo, o punto central virtual, es de una constitución tan misteriosa que lo podrá incluir todo, parentesco con animales y con dioses, con cristales y con astros, sin que ello nos produzca admiración alguna, sin que siquiera lo desaprobemos.
Jung lo postuló como una hipótesis de trabajo, un supuesto psicológico no comprobable científicamente, al que igualmente - según él - podría llamarse «el Dios en nosotros». Dijo que entre ese Ser y el yo existía la misma relación que entre el sol y la tierra. No es posible confundir a ambos. Se halla colocado más allá de nuestra razón humana y por esto es incomprensible para nosotros.Hacia esa finalidad trascendente tiende nuestro anhelo y hacia ella nos esforzamos.

viernes, 9 de enero de 2009

El Simbolismo del Mandala

Definición del mandala
En sánscrito, mandala significa círculo, en especial círculo mágico, pero en sentido más amplio representa medios auxiliares de concentración y de meditación construidos a partir de círculos y de formas derivadas del círculo, como flores o ruedas, en el ámbito indo-budista y también en el Tibet lamaísta. Tales estructuras son generalmente dibujadas y pintadas, pero también se emplean arquitectónicamente como planos en la construcción de templos. En sentido propio son reproducciones espirituales del orden del mundo, a menudo combinadas con elementos derivados del cuadrado. La dirección hacia un centro tiende hacia la concentración y la meditación. En el centro del mandala, según la doctrina y el grado de iniciación, se encuentran diversos símbolos.

No debe pensarse que la representación plástica del mandala sea propia sólo de los budistas. Ellos solamente han elaborado con mayor precisión una intuición antiquísima de origen asirio-babilónico. Es ante todo un cosmograma, una proyección geométrica del universo entero en su esquema esencial, en su proceso de emanación y reabsorción (los días y noches de Brahma). El mismo principio regula la construcción de los templos, cada templo es un mandala. El ingreso al templo no es solamente a un lugar consagrado, sino que es la entrada al mysterium magnus. Quien cumpla el rito de circunvalación según las reglas prescritas, recorre el mecanismo secreto del mundo, hasta transfigurarse junto al sanctum sanctorum, ya que al alcanzar el centro místico del edificio sagrado se identifica con la unidad primordial.
El mandala es el paradigma de la evolución y la involución cósmica en su retorno al centro del universo; pero simboliza también el refluir de la experiencia de la psiquis en busca de la unidad de consciencia para descubrir el principio ideal de las cosas. No es solamente un cosmograma sino también un psicograma, el esquema de la desintegración del uno en lo múltiple y la reintegración de lo múltiple en el uno, en la consciencia absoluta, entera y luminosa, que tendría que brillar en lo profundo de nuestro ser. El hombre tiene en el centro de sí mismo el principio recóndito de su propia vida, la esencia misteriosa, el punto luminoso de consciencia del que irradian las facultades psíquicas. Él tiene la vaga intuición de esa luz que podría brillar dentro de sí, expandiéndose y propagándose hacia planos espirituales.
El mandala en psicoterapia
En sus Memorias, Jung cuenta que durante la Primera Guerra Mundial, siendo comandante de un campamento de prisioneros en Suiza, empezó a dibujar cada mañana un mandala que - según él - reflejaba su estado de ánimo interno. Era como una radiografía de su psiquis. En ella iba observando cambios sutiles en su crecimiento personal. Era como si fuera armonizándose en torno a un núcleo, un punto central, un centro magnético que lo iba conduciendo hacia una paulatina integración. En aquel punto central estaban condensadas todas sus posibilidades, esperando desplegarse para llegar a un desarrollo pleno y armonioso, tal como un director de orquesta da vida a lo escrito en un lenguaje cifrado.Al principio, comprendía muy poco lo que esto significaba, pero gradualmente fue dándose cuenta que estaba teniendo una experiencia extraordinariamente significante: aquellos dibujos eran informes diarios sobre el trabajo interno que ese punto central estaba efectuando en él. Comprendió que la meta del desarrollo del individuo es su Ser, que su evolución no es lineal sino en espiral, en una circunvalación ascendente que se va acercando cada vez más al centro y cúspide de esa espiral.

Como fenómeno psicológico aparecen espontáneamente en los sueños en ciertos estados de conflicto, también en algunos casos de esquizofrenia. Con frecuencia contienen una cuaternidad o un múltiplo de cuatro, como una cruz, un cuadrado, un octagono. Por lo general aparecen en casos de disociación o desorientación psíquica cuando la persona se siente atrapada entre impulsos divergentes de igual potencia, que le producen una sensación de desgarramiento interior. Algunos son conscientes de ello y dicen: «Necesito centrarme». También sucede en los comienzos de un estado esquizofrénico, cuando el paciente empieza a sentir que su visión del mundo se está haciendo confusa debido a la invasión de contenidos del inconsciente que no es capaz de procesar. Entonces pueden aparecer mandalas como instancia salvadora (¿acaso los salvavidas no son circulares?). Es posible observar cómo la imagen reguladora de un círculo se impone - compensando el desorden y la confusión de la psiquis - al mostrar un punto central alrededor del cual se organiza la dispersa y contradictoria multiplicidad de elementos, aparentemente irreconciliables. Por tratarse de una figura arquetípica, trae consigo un impulso de autosanación ancestral que no se origina en una reflexión consciente.


Mientras que los mandalas rituales siempre muestran un estilo definido y un número limitado de motivos típicos en su diseño, los mandalas individuales presentan una riqueza ilimitada de símbolos o alusiones simbólicas. Su fundamento es la representación de una contradicción entre el Ser y el ego, siendo el primero la totalidad de nuestra psiquis - incluyendo el inconsciente - y el segundo, sólo un punto de referencia de nuestra consciencia. A menudo aparecen en series, mostrando una secuencia de estados desordenados, caóticos, llenos de conflictos y angustia. Estas imágenes pintadas con gran devoción, a veces por manos tan inexpertas como las de un niño, son yantras a la manera hindú, instrumentos de concentración, meditación y visión introspectiva, que permiten realizar la experiencia interna de un refugio seguro, de reconciliación y de totalidad.


La voluntad consciente no puede alcanzar tal unidad simbólica, pues la consciencia sólo es parte de algo. Su opositor es el inconsciente colectivo, el que no entiende ningún lenguaje de la consciencia. Por lo tanto, se tiene necesidad de símbolos mágicamente efectivos que contengan aquellos analogismos primitivos que hablan a lo inconsciente. Sólo mediante el símbolo puede ser alcanzado y expresado el inconsciente. Por ese motivo - según Jung - jamás podrá el proceso de individuación abstenerse de símbolos. El símbolo es, por un lado, la expresión primitiva de lo inconsciente y, por otro, una idea que corresponde al más alto grado de intuición que pueda ser dado a la consciencia.
Autor: Saelas Jarrel





martes, 25 de noviembre de 2008

El Punto de Inflexión en la Vida. C.G. JUNG

" Quien se protege de lo nuevo,
de lo ajeno, y regresa al pasado está tan
neurótico como quien se identifica
con lo nuevo para huir del pasado. La única
diferencia es que uno se ha distanciado del pasado y otro del futuro.
Los dos hacen esencialmente lo mismo: rescatar la estrechez de
su consciencia en vez de hacerla estallar en la tensión de los
opuestos para crear un estado de
consciencia más amplio y elevado. "

"Los grandes problemas de la vida nunca se resuelven para siempre.

Si alguna vez parecen estar resueltos se trata siempre de una pérdida.

Su sentido y su finalidad no parecen residir en su solución,

sino en que nos ocupemos constantemente de ellos.

Sólo eso nos libra del atontamiento y del anquilosamiento. "


"Mucha, demasiada vida que también podría haber
sido vivida, queda tal vez arrumbada en el trastero de los recuerdos polvorientos,
aunque quizá queden todavía brasas bajo las cenizas. "

"El neurótico es alguien que nunca acaba de estar conforme con el presente y que,
por esa razón, tampoco puede alegrarse del pasado. Del mismo modo que antes no
pudo despegarse de la infancia, ahora no es capaz de desembarazarse de la fase
juvenil. Incapaz de adaptarse a la siniestra idea de envejecer, mira
desesperadamente hacia atrás porque la perspectiva hacia adelante le resulta
insoportable. Así como el niño se asusta del desconocimiento del mundo y de la
vida, así también el adulto rehuye la segunda mitad de la vida, como si en ella
le aguardaran tareas desconocidas y peligrosas, o como si se viera amenazado por
pérdidas y sacrificios con los que no pudiera cargar, o como si la vida anterior
le pareciera tan bella y tan valiosa que no pudiera prescindir de ella. "


"La persona entrada en años debería saber que su vida no asciende ni se ensancha,
sino que un inexorable proceso interno obliga forzosamente a su estrechamiento.
Para el joven es casi un pecado o un peligro ocuparse demasiado de sí mismo,
mientras que para la persona entrada en años es un deber y una necesidad
dedicar mucha atención a uno mismo. "

C.G.Jung. "La dinámica de lo inconsciente." Obra completa. Vol.8, Cap. 16
Ed. Trotta, S.A. 2004

domingo, 2 de noviembre de 2008

Luz y Sombra


"Es cierto que quien mira en el espejo del agua, ve ante todo su propia imagen. El que va hacia sí mismo corre el riesgo de encontrarse consigo mismo. El espejo no favorece, muestra con fidelidad la figura que en él se mira, nos hace ver ese rostro que nunca mostramos al mundo, porque lo cubrimos con la persona, la máscara del actor. Pero el espejo está detrás de la máscara y muestra el verdadero rostro. Esa es la primera prueba de coraje en el camino interior; una prueba que basta para asustar a la mayoría, pues el encuentro consigo mismo es una de las cosas más desagradables y el hombre lo evita en tanto puede proyectar todo lo negativo sobre su mundo circundante. "
Carl Gustav Jung