Mostrando entradas con la etiqueta Autoconocimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autoconocimiento. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de febrero de 2009

LA TRADICION HERMETICA

Extraido de Capítulo IV del libro La Rueda, Una Imagen Simbólica del Cosmos de Federico González (Symbolos, España, 1986).




El alquimista y el astrólogo trabajan solos. Así se los puede ver en numerosos grabados de la iconografía hermética. O bien estudiando, meditando u orando, cuando no absortos en la contemplación de sus hallazgos. La obra hermética se produce en la interioridad del athanor (analógicamente, del templo del hombre). Lo cierto es que esta tradición propone el conocimiento mediante el estudio de la cosmogonía. Estudiar las leyes cosmogónicas no supone la erudición literal, o el cómputo de detalles banales, que para estas disciplinas son cosas secundarias, si no a veces entorpecedoras.

Conocer la cosmogonía supone ser uno con ella. Estar vivo o haber nacido al verdadero estado humano. Este hecho asombroso incluye una pérdida y un hallazgo de identidad, una muerte y una resurrección, que se realizan innumerables veces en varios años, en el athanor del alquimista, su interioridad. Y le da también la materia con qué seguir trabajando en este proceso alquímico, llamado también de iniciación en la senda del conocimiento y de la vida real.
Conocer una cosmogonía significa vivir el mandala tridimensional del cosmos. Comprender la revelación de un universo y sus leyes, absolutamente diferente del que nos fue enseñado. Donde los valores son tan otros, que únicamente pueden ser percibidos por medio de una total conversión psicológica.
Este proceso necesita de un orden y de un trabajo. No sólo tiene enormes riesgos de desviación de muchos tipos (los cuales, generalmente, son parte del proceso), sino que puede resultar casi imposible de realizar, por indefinidos motivos. Se dice que es difícil, pero no imposible. En el camino pueden quedar, entre otras cosas, la salud, la fama y la honra, es decir, toda seguridad.




Pero la recompensa es la identidad, el conocimiento, el ser.



El aprendiz de alquimista está dispuesto a la realización espiritual, que incluye el conocimiento vivo de las leyes del cosmos, en definitiva, el conocimiento de sí mismo, y de la realidad, del orden, de la vida. Recibirá, pues, lo que ha deseado, siempre que su trabajo sea paciente y sacrificado y pase las pruebas de los héroes mitológicos.


Debe llevar su trabajo hermético a todo nivel en su vida y su cotidianidad, pues se trata de la recuperación de la luz -la lucidez-, utilizando el emotivo fuego de la sangre. El estudio de las disciplinas herméticas y de los textos mágicos, se alternará con la constante meditación y el trabajo interno, sagrado, y se sorprenderá entonces de verse cada vez más extranjero en el mundo de las causas y efectos.
Ese espacio interno podrá albergar las estructuras con las cuales construir un nuevo cosmos, o mejor, las descubrirá en sí mismo y manifestándose por doquier. Podrá entonces vivir de la mañana hasta la noche -y en sus mismas horas de reposo- un nuevo mundo, cada vez más asombroso, cuya característica es la riqueza y también el esplendor. Siendo tanto lo que tiene en las manos, ha de tomar conciencia entonces de su responsabilidad con respecto a sí, y advertir que no ha sido por su mérito, ni un descubrimiento propio, lo obtenido, sino que simplemente eso es así, y que, además, a él no le pertenece. Y es más aún, reconocerá que su personalidad, tal cual la imaginaba, no existe.




Debe entonces procurar manejarse con las estrategias propias de las artes marciales y equilibrar constantemente el recorrido de su camino, el manejo de su vehículo. Este arte requiere una manipulación delicada y es probable que se aprenda a golpes; al menos se trata de una ciencia de fuertes contrastes. Pero, perseverando hasta el fin, logrará vivir en un mandala vivo, espejo del cosmos, donde toda cosa tiene significado, en las tensiones y matices propios de la armonía y el orden de lo creado, y de su sustento invisible y arquetípico. Habrá conocido la cosmogonía, y luego del bautismo lunar de Juan, de agua (de la ciencia de la escuadra), y de haber recibido el bautismo solar de Jesús, de fuego (de la ciencia del compás), y cuando haya culminado este último proceso, entonces podrá decirse que ha comprendido la esencia de la tierra y el cielo, lo que es simultáneo con su llegada al centro y equivale a estar ya listo para empezar su ascenso vertical, pues ha finalizado con los misterios menores.

viernes, 20 de febrero de 2009

Me preguntas quien soy?

Me preguntas quien soy?
Alguien puede responder eso?
Desde donde quieres que te responda, si yo mismo constantemente

me actualizo,
me transformo, vivo en una metamorfosis constante,

Soy hoy la misma de ayer?, la misma del minuto que paso?....... ,

eso te asusta?
no tengas miedo,

debes temer a lo que no cambia, lo que esta cristalizado,
rígido,
mis formas y reformas son dibujadas por una artista eximia,.......
la Vida,.......... puede ella equivocarse acaso?

Yo tampoco se muy bien quien soy, agote mi mente con un martilleo

constante sobre esa pregunta,
y nada muy claro obtuve,

hasta que un día cambie el foco, y me dije,
Quien Siento que soy?

Ahí fue diferente, ...........sentí que era todo y nada,

y fue maravilloso,

Todo y Nada, un microcosmos y un macrocosmos
en constante mutación,

Hacia donde voy?, tu mente quiere saberlo!?,
Que importa!

Nadie tiene la certeza, ni tu, ni yo, ni un “gran maestro”,

ni la ciencia,
ni un gurú, …nadie!

Es el Gran Misterio, siempre fue así, y siempre lo será,
A veces tenemos un atisbo, una pequeña luz, y creemos saberlo,
Al minuto siguiente la Vida se encarga de cambiarnos el acertijo,

y ahí estamos de nuevo ,
estrujándonos los sesos, preguntado a los maestros, leyendo mil libros.

Ya me he rendido, no me importa, es mucho gasto de energía,

ya solo confío y voy,
haciendo honor a mi metáfora predilecta digo ...........
”me lanzo, y que el cosmos me abaraje!!!” ...... y

OH! Milagro! Siempre lo hizo, …….
a veces salí medio magullada, otras ilesa,

pero siempre crecida, diferente, cambiada.

Mi espíritu vive de constantes desafíos, hasta en los momentos de placidez y calma algo esta aconteciendo y hay que estar alerta, e ir hacia el llamado, y como dice Don Juan Matus (chaman del desierto de Sonora , México)” ¿sabes cual es la diferencia entre un hombre común y un guerrero?, que para el hombre común la vida es una maldición o una bendición y para un guerrero simplemente es un desafío.-y un guerrero toma su suerte sea la que sea, y la acepta con la máxima humildad.- Solo un guerrero puede soportar el camino del conocimiento.- Un guerrero no puede quejarse ni lamentarse de nada, su vida es un desafío interminable y no hay modo que los desafíos sean buenos o malos.- Los desafíos son simplemente desafíos”.-

Lo importante para un guerrero es llegar a la Totalidad de uno mismo, es un camino sin fin, sin rutas, sin fórmulas, nunca se puede decir “bueno llegué” porque no hay ningún cartel que diga LLEGADA, ………sino cual sería la gracia de la vida?
.... el camino del guerrero es la armonía, entre las acciones y las decisiones, y una vez más creo en las palabras de este indio yaqui Don Juan(....) “
la vida de un guerrero no puede en modo alguno ser fría y solitaria y sin sentimiento, porque se basa en su afecto, en su devoción al ser amado, que es esta tierra (...) ...solamente si uno ama a esta tierra con pasión inflexibles puede uno librarse de la tristeza”.-
Un guerrero esta siempre alegre, porque su amor es inalterable y su ser amado la tierra, lo abraza y le regala cosas inconcebibles”.-
“Solamente amando a este ser espléndido se puede dar libertad al espíritu del guerrero; y la libertad es alegría, eficiencia y abandono frente a cualquier embate del destino
” ............ así siente Don Juan, y yo también.-

Mar 18/02/2001

viernes, 13 de febrero de 2009

La Mujer Salvaje

Extractos del GRAN LIBRO de Clarissa Pinkolas Estess "Mujeres que corren con los lobos"
Imágenes: Meinrad Craighead


El arquetipo de la Mujer Salvaje reside en las entrañas, no en la cabeza. Ella puede rastrear y correr y convocar y repeler. Puede percibir, enmascarar y amar profundamente. Es intuitiva, típica y normativa. Es absolutamente esencial para la salud mental y la salud del alma de las mujeres.
Ella es el alma femenina. Sin embargo es más que eso: es la fuente de lo femenino. Es todo lo que pertenece al instinto, a los mundos tanto visibles como ocultos —ella es la base.
Ella es intuición, es capaz de ver claramente a distancia, es capaz de escuchar a profundidad, es de corazón leal. Alienta a los humanos a permanecer plurilingües, hábiles en los lenguajes de los sueños, la pasión y la poesía.


La Madre Creación es siempre la Madre Muerte y viceversa. Debido a esta doble naturaleza o doble labor, el gran trabajo frente a nosotros es aprender a entender qué cosas a nuestro alrededor, acerca de nosotros y dentro de nosotros deben vivir, y cuáles deben morir. Nuestro trabajo es entender el momento de ambos sucesos; permitir que muera lo que tiene que morir, y que viva lo que tiene que vivir.

Hay algunas preguntas buenas que hacerse mientras uno decide la canción, la verdadera canción propia:
¿Qué le ha sucedido a la voz de mi alma?
¿Cuáles son lo huesos enterrados de mi vida?
¿En qué condiciones está mi relación con el Yo instintivo?
¿Cuándo fue la última vez que corrí libre?
¿Cómo hago para que la vida cobre vida de nuevo?
¿A dónde ha ido La Loba?

Regresa y párate bajo esa única flor roja y camina de frente esa última milla, la más difícil. Acércate y golpea en esa puerta vieja y curtida por la intemperie. Sube hasta la cueva. Arrástrate a través de la ventana de un sueño. Escudriña el desierto para ver qué puedes encontrar. Es el único trabajo que tenemos que hacer


Plantear la pregunta apropiada es la acción central de la transformación —en los cuentos de hadas, en el análisis y en la individuación. Las preguntas son las llaves que hacen que las puertas secretas del psique se abran de par en par.
¿En dónde piensas que está esa puerta, y qué podría haber del otro lado?
¿Qué hay detrás de lo visible?
¿Qué hace que esa sombra se asome en la pared?
¿Qué cosa no es como parece?
¿Qué es lo que yo sé en lo profundo de mis ovarios que desearía no saber?
¿Qué parte de mí ha sido asesinada o yace muriendo?
Quienes han de desarrollar la consciencia buscan con afán todo lo que yace detrás de lo fácilmente observable: el chirriar invisible, la ventana sombría, la quejumbrosa puerta, el filo de luz bajo el alféizar. Buscan con afán estos misterios hasta que la sustancia de la materia se abre ante ellos.





Tener buena intuición, buen poder, causa trabajo. Causa trabajo en primer lugar en la observación y comprensión de las fuerzas negativas y desequilibrios tanto internos como externos. En segundo lugar, causa esfuerzo el reunir la voluntad para hacer algo con lo que uno ve, ya sea por el bien, por el equilibrio, o para permitir que algo muera.
No te mentiré: es más fácil deshacerse de la luz y dormirse, pues con ella vemos claramente todos los lados de nosotros mismos y de otros, tanto lo desfigurado como lo divino, y todas las condiciones entre ambos.
Sin embargo, con esta luz vienen a la consciencia los milagros de belleza profunda en el mundo y en los humanos. Con esta luz penetrante uno puede ver más allá de la acción mala hasta el corazón bueno, uno puede vislumbrar el espíritu dulce aplastado bajo el odio, uno puede entender mucho en lugar de sólo estar perplejo. Esta luz puede diferenciar las capas de personalidad, intención y motivos en los otros. Puede determinar la consciencia e inconsciencia en uno mismo y en los demás. Es la vara del conocimiento. Es el espejo en el que todas las cosas se perciben. Es la profunda naturaleza salvaje.
No obstante, hay momentos en que sus informes son dolorosos y casi imposibles de soportar: pues también señala donde hay traiciones preparándose, donde hay falta de valentía en quienes dicen lo contrario. Señala la envidia que yace como grasa fría detrás de una sonrisa cálida; señala las miradas que son meras máscaras del disgusto. En relación a uno mismo, su luz es igualmente intensa: brilla sobre nuestros tesoros y nuestras debilidades.




miércoles, 4 de febrero de 2009

Alquimia y psicología

Autora: Dolores Villegas

La Alquimia no es solamente un arte que enseña a transmutar unos metales en otros, sino más bien una ciencia sólida y verdadera que enseña a conocer el centro de todas las cosas.
Pierre-Jean Fabre, 1636.


La Psicología, la Alquimia y la Astrología son ciencias que operan siempre juntas, buscando la transmutación.

La Psicología educe los misterios del alma del hombre. La Astrología expone la naturaleza de las fuerzas que constituyen el Universo, sus ciclos, ritmos e interrelaciones. Y la Alquimia, el modo de operar sobre ellas para acelerar su evolución, llevándolas así a su expresión más sublime.
La Alquimia formaba parte de las Ciencias ocultas, sagradas, en la antigüedad vinculada a la formación en los Misterios de la Naturaleza. Requería previamente del candidato educir sus mejores potencialidades latentes y el dominio y conocimiento pleno de su personalidad mortal.

En el trabajo sobre la materia, la Alquimia busca la unificación, la transmutación del "plomo" en "oro". Hacer de la multiplicidad o las partes en lucha una Unidad integrada, consciente y con una misma finalidad.
Lo que le interesa a la Alquimia fundamentalmente es la transformación de la sustancia de la naturaleza humana y la liberación de su potencial divinidad interior, proceso que se llevará a cabo a través de la confrontación con la sombra o el inconsciente y la integración posterior, una vez operada la transmutación.

2. EL opus

El Opus es la Obra alquímica que requiere el esfuerzo de un artista en su búsqueda de la perfección. Es una tarea sagrada que merece el esfuerzo de toda una vida. Giordano Bruno explicaba que conociendo la escala por la cual los Arquetipos se han plasmado en la materia, podíamos hacer retornar hacia su origen la conciencia, en un ascenso acelerado, ayudándonos con la memoria y la imaginación.

El Opus comienza partiendo de la "materia prima" o sustancia original, que está en relación con Saturno, como el "plomo" a transformar, ya que en ella están las simientes del oro alquímico.
Desde el punto de vista psicológico, podemos entender la materia prima como los instintos, las compulsiones, los conflictos emocionales, los miedos y las pasiones que se adueñan de nosotros. Es todo lo inconsciente que se encuentra en estado de conflicto, sin dirección alguna como fuerzas ciegas.

El Lapis o piedra filosofal, al final del proceso, es el oro que se intenta liberar de la confusa matriz de la materia prima. Es la piedra filosofal, la Rosa de oro, la flor de loto, el diamante. Se lo ha equiparado también con Cristo, el Unicornio y el Hermafrodita coronado. Es algo sagrado que es menester extraer de la sustancia.
El Lapis otorga la conciencia de individualidad, de inmortalidad, así como la comprensión de nuestro destino.
Esta piedra filosofal es el dios interior, capaz de sostenernos en medio del fluir de los cambios de la existencia. Ejerce un efecto catalizador sobre lo que toca o le rodea, transformando las sustancias con las que entra en relación. Se autorreproduce y tiene un efecto permanente.


Los procesos de percepción y comprensión están vinculados con Mercurio y nos dan la capacidad de tomar conciencia de las cosas, y como consecuencia, de operar la transmutación y de poner luz donde hay oscuridad y caos.
Mercurio es la chispa divina oculta en la naturaleza bruta, el oro de nuestra verdadera esencia y nuestra vivencia de una individualidad significativa. El alquimista trata de liberar lo que siempre estuvo allí, velado por una forma más oscura y primitiva. Se trata de una revelación de la esencia inmortal que siempre ha estado oculta en el inconsciente caótico y ciego.
Los alquimistas veían en su Opus un proceso inevitablemente erizado de sufrimientos. Sólo un grado considerable de integridad, sinceridad y bondad podía ayudar al individuo a orientarse en el laberinto de confusión y peligro que es la Obra en todas sus etapas.

3. Los peligros

El inconsciente es proteico y tan capaz de hechizarnos como de devorarnos. Únicamente una sólida fibra moral y una gran entrega al objetivo podían ayudar al alquimista a atravesar su propio camino. Si no se poseen en grado suficiente, es mejor dedicarse a otra cosa, porque la Obra exige un esfuerzo tremendo a la totalidad de la persona.
Los peligros del poder, la arrogancia y la seducción en diversos niveles acompañan siempre a la creación del Lapis. Por eso los alquimistas decían siempre "deo concedente" (de acuerdo con la Voluntad de Dios).
Las virtudes fundamentales son la humildad, el discernimiento y la obediencia a las leyes naturales.
Al individuo, en su viaje al centro, debe acompañarle un espíritu de incertidumbre, humildad e integridad interior. Mercurio, como materia prima y Lapis, Alfa y Omega del proceso, representan la imagen del inconsciente mismo abarcando sus tres esferas de expresión. En Astrología se dice que la carta natal nos muestra la materia prima con todas sus potencialidades, y la obra o el trabajo a realizar para evolucionar un poco más e ir formando a través de las pruebas y adversidades, el centro sólido de la piedra.

Los peligros que encontramos en el esfuerzo por conocernos y transformar esa materia ciega y caótica son, en resumen: 1) Identificarse excesivamente con ella. 2) Tratar de mantener un total desapego refugiándose tras barricadas intelectuales o de cualquier otro tipo.

La Alquimia tiene sus metáforas para expresar tanto el exceso como la fatiga de compromiso. Si está uno demasiado tiempo revolviendo lo que se cuece en la olla, empezamos a inhalar sus emanaciones. Pero tampoco podemos dejar que se cueza solo, porque se quemará o explotará. Tiene que haber un compromiso constante con el proceso, pero también se ha de seguir a una distancia sensata, y aceptar que son inevitables los períodos de dificultades.

4. El alambique

Tiene connotaciones de matriz, y a veces se lo llama útero. La idea es que la Obra es como la gestación de una vida nueva y se realiza en el interior de una vasija sellada. Se verá sometida al calor y a una elevada presión, pero el sello no se debe retirar en ninguna circunstancia porque la Obra se arruinaría. Y el alambique debe tener la resistencia suficiente para no estallar. Es una imagen de contención y representa la capacidad de sujetar los afectos, emociones y conflictos que bullen y burbujean hacia la superficie sin estallar ni "actuarlos".
El alambique representa un lugar intermedio. Entra la represión que desconoce y niega esas poderosas erupciones del inconsciente y la posesión que hunde al individuo en el magma bullente y anula las capacidades de opción responsable del yo.
Es, en cierto sentido, la imagen de las capacidades de contención de la conciencia. Si se resquebraja en mitad del trabajo, el inconsciente se derrama al exterior sin ningún contenedor que lo retenga. Si se quita el sello, el individuo renuncia a responsabilizarse de su propio dilema, y los conflictos, expulsados hacia fuera, salpican a todos los que están a su alcance.

5. Los conflictos

Cuando empiezan a emerger hacia la superficie, la persona se siente compelida a "actuarlos" en el medio externo. Pero si uno está verdaderamente entregado a un trabajo interno de transmutación, no puede romper el sello. La represión es inadecuada, pero también lo es escapar destrozándolo todo o culpando a los demás.

En Alquimia hay imágenes que representan este proceso: lobos que se comen a reyes, leones con las zarpas amputadas, animales que aúllan de dolor mientras se queman. Son formas simbólicas que tiene la psique de representar su sufrimiento cuando, durante el proceso, en vez de proyectar al exterior los conflictos, uno los contiene dentro de sí, transmutándolos poco a poco con voluntad, inteligencia y amor por la verdad.
En la represión está en juego una desconexión con una parte de uno mismo. Una escisión, una mala disposición a tomar conciencia de algo que es esencialmente un problema interno.
Pero la represión crónica de un componente psíquico causa profundos problemas, porque nada de lo que hay en el inconsciente puede evolucionar ni expresarse realmente si no hay participación de la conciencia.
La represión cercena las posibilidades de evolución, hasta que el inconsciente termina por alzarse en rebeldía. Y se muestra descarnadamente en los momentos de tensión, generando conflictos por nuestra imposibilidad de control sobre una fuerza.

6. Participación

El alquimista no puede dar la espalda al proceso del alambique, pues en realidad se trata de su propia psique sometida a la transformación. La angustia del lobo que se consume son las angustias del alquimista, así como la luz radiante del amanecer, la etapa del "enrojecimiento", es la esperanza y el júbilo radiante del triunfador. Eso sí, sin participación, sin compromiso, es completamente inútil lo que se haga. La evolución y el resultado dependen de la participación del observador, lo que significa establecer conexiones y experimentar emociones, sentimientos e intuiciones. Dos ingredientes son necesarios en el proceso, participación y compromiso, para que se pueda dar la transformación, la curación o la obtención de la "piedra". Muchas personas tienen un miedo profundo a comprometerse y eso les impide permanecer en el fuego y elaborar a fondo cualquier cosa.

7. Tres etapas

Hay distintas versiones de tres etapas en este proceso de aceleración o transmutación consciente y voluntaria. La 1ª es la Obra al Negro, el descenso a los infiernos, al fondo de nosotros mismos, para conocernos íntegramente y sin máscaras.

La 2ª etapa, la Obra al Blanco, la purificación, surgiría de esa toma de conciencia de nuestra realidad y del ansia de superación y libertad.

La 3ª etapa es la Obra al Rojo, la gran obra, en relación con la obtención del "oro" espiritual y la unión con el alma del mundo.
Paso a paso, peldaño a peldaño, el hombre va escalándose. Algún día caerá todo lo que cubre el diamante, como diría Plotino, y podremos ser cristal puro que canalice la luz sin distorsiones.
Cuando la tradición habla de la búsqueda del Grial se refiere a otro símbolo de la Obra alquímica, de la búsqueda de la piedra filosofal. En algunos poemas, en vez de un cáliz, el grial es una piedra. De ahí que la búsqueda del Grial sea una búsqueda interior, una metáfora paralela al Opus alquímico, y la piedra sea en realidad el propio yo interior del buscador, que, de acuerdo con la Alquimia, no se puede hallar sin sufrimientos y en lugares hermosos, sino en la materia prima, en las profundidades de nuestro mundo inconsciente.
La conquista de nosotros mismos es el objetivo más preciado y valioso. Requiere de nosotros conocernos valientemente.
La vida fortalece y alimenta nuestro corazón de fuego, que realiza el prodigio de la transmutación, desde el plomo de hoy, hasta el oro del futuro.


martes, 13 de enero de 2009

El Lenguaje Simbólico en los cuentos populares


Los cuentos populares son alimentos para el alma del niño, estimulan su fantasía y cumplen una función terapéutica; primero, porque reflejan sus experiencias, pensamientos y sentimientos; y, segundo, porque le ayudan a superar sus ataduras emocionales por medio de un lenguaje simbólico, haciendo hincapié en todas las etapas -periodos o fases- por las que atraviesa a lo largo de su infancia.
Cuando el niño lee o escucha un cuento popular, pone en juego el poder de su fantasía y, en el mejor de los casos, logra reconocerse a sí mismo en el personaje central, en sus peripecias y en la solución de sus dificultades, en virtud de que el tema de los cuentos le permiten trabajar con los conflictos de su fuero interno. El psicoanalista Bruno Bettelheim ha manifestado que en el campo de la literatura infantil no existe otra cosa más enriquecedora que los viejos cuentos populares, no sólo por su forma literaria y su belleza estética, sino también porque son comprensibles para el niño, cosa que ninguna otra forma de arte es capaz de conseguir. Bettelheim, en su Psicoanálisis de los cuentos de hadas, afirma que: “A través de los siglos (si no milenios), al ser repetidos una y otra vez, los cuentos se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo tiempo, sentidos evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que alcanza la mente no educada del niño, así como la del adulto sofisticado.
Aplicando el modelo psicoanalítico de personalidad humana, los cuentos aportan importantes mensajes al consciente, preconsciente e inconsciente, sea cual sea el nivel de funcionamiento de cada uno en aquel instante. Al hacer referencia a los problemas humanos universales, especialmente aquellos que preocupan a la mente del niño, estas historias hablan a su pequeño yo en formación y estimulan su desarrollo, mientras que, al mismo tiempo, liberan al preconsciente y al inconsciente de sus pulsiones. A medida que las historias se van descifrando, dan crédito consciente y cuerpo a las pulsiones del ello y muestran los distintos modos de satisfacerlas, de acuerdo con las exigencias del yo y del super-yo” (Bettelheim, B., 1986, p. 12-13).
Conforme a lo señalado por Bettelheim, no cabe duda de que casi todos los cuentos que provienen de la tradición oral abordan el mismo tema: la sublimación de los conflictos emocionales y los problemas existenciales que aquejan a los niños. No es extraño que las niñas, que son víctimas de abusos sexuales, asocien a sus violadores con los personajes “malditos” de los cuentos populares, cuyos protagonistas -lobos, ogros, gnomos, brujas y otros- se tornan en individuos del mundo real.
Si bien existen libros pedagógicos que ayudan a desarrollar las funciones cognoscitivas del niño, existen también libros que ayudan a superar los traumas psicológicos por medio de la ficción y el lenguaje simbólico, que representa cosas que no están al alcance del entendimiento humano. Ya Carl G. Jung, en “El hombre y sus símbolos”, dice: “usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones emplean lenguaje simbólico o imágenes. Pero esta utilización consciente de los símbolos es sólo un aspecto de un hecho psicológico de gran importancia: el hombre también produce símbolos inconscientes y espontáneamente en forma de sueños” (Jung, C.G., 1995, p. 21).
La tesis de Betellheim parte de la base de que todos los cuentos populares reflejan la evolución física, psíquica, intelectual y social del niño; por ejemplo, el fracaso del egocentrismo, la soledad y falta de afecto, la satisfacción del deseo (casa de chocolate) y el triunfo sobre el peligro (la bruja) está simbolizado en el cuento “
Hansel y Gretel”; el complejo de Edipo en “Blancanieves”; la pubertad en “Caperucita roja”; la rivalidad entre hermanos en “La Cenicienta”; el temor sexual en “La Bella y la Bestia” y el incesto en “Piel de asno”, un tema tabú del que todos saben algo, pero del que pocos se atreven a hablar. El rey y la reina simbolizan a los padres, la flor al desarrollo sexual y la casa a la seguridad y armonía en el hogar. El árbol simboliza la vida, el crecimiento o la maduración física y psíquica del individuo. Así como el perro simboliza la fidelidad, las aves simbolizan la libertad y la ayuda; esto ocurre en el cuento de “La Cenicienta”, cuando su madrastra echa ante ella un montón de guisantes buenos y malos y le dice que los separe. Aunque parece una tarea imposible, Cenicienta comienza, pacientemente, a separarlos y, de pronto, las palomas (los ratones, según otras versiones) acuden a ayudarla.
Asimismo, la rama que Cenicienta planta en la tumba de su madre, se convierte en un árbol, en cuyas ramas vive un pájaro que, cada vez que Cenicienta llora, le concede sus deseos; por lo tanto, el árbol y el pájaro simbolizan el espíritu o la reencarnación de la madre de Cenicienta.
En el cuento de “Blancanieves”, justo cuando ésta yace en el ataúd de vidrio, que simboliza su muerte espiritual, tres pájaros acuden a llorar junto a los siete enanitos; la lechuza (pájaro de la muerte y la sabiduría), el cuervo (pájaro de Odín, jefe de las fuerzas oscuras) y la paloma (pájaro de Afrodita, de la inocencia y el amor). Los tres pájaros, aparte de constituir piezas claves en la trama del cuento, simbolizan un número mágico que también aparece en otros cuentos.
El genio en Las mil y una noches concede tres deseos a Aladino; tres son las dificultades o pruebas que deben vencer los héroes de los cuentos fantásticos para liberar a la mujer amada y coronar su triunfo; tres veces la madrastra de Blancanieves visita la casa de los siete enanitos. “En su primera visita, disfrazada de una vieja buhonera, intenta estrangular a la hijastra con un corsé (no un “lasito” como dice la versión española), dramatizando su deseo de contrarrestar la pubescencia en proceso de la joven. Blancanieves, medio muerta, es reavivada por los enanos, y el espejo informa a la reina malvada del hecho. En la segunda visita la madrastra le da un peine envenenado, que igualmente la deja 'como muerta'. El envenenar los cabellos parece ser otro signo de la culpa que la madrastra le achaca a Blancanieves por crecer. Esto es confirmado por la tercera visita, después de que los enanos nuevamente procuran salvarla. Esta vez la madrastra, disfrazada de campesina, le ofrece una manzana 'con un veneno de lo más virulento'.
La bruja come de la mitad blanca para demostrar su inofensividad, pero cuando Blancanieves la recoge y come de la mitad roja, se desmaya con la manzana atorada en la garganta” (Heisig, J.W., 1976, p. 76). El siete es otro de los números mágicos en los cuentos populares. Ahí tenemos a los siete enanitos en el cuento de “Blancanieves”, quien se convierte en una niña hermosa a los siete años. Siete son los colores primarios, siete los días de la semana, siete los planetas de la antigüedad, siete las virtudes, siete los pecados capitales, siete los misterios, siete las maravillas del mundo y, según el mito de creación, el séptimo día es sagrado y de descanso.
Autor:
Víctor Montoya nació en La Paz, Bolivia, el 21 de junio de 1958. Escritor, periodista cultural y pedagogo. Vivió en las poblaciones mineras de Siglo XX y Llallagua. En 1976, como consecuencia de sus actividades políticas, fue perseguido, torturado y encarcelado. Estando en el Panóptico Nacional de San Pedro y en la cárcel de mayor seguridad de Chonchocoro-Viacha, escribió su libro de testimonio "Huelga y represión”. Liberado de la prisión por una campaña de Amnistía Internacional, llegó exiliado a Suecia en 1977. Egresado del Instituto Normal Superior de Estocolmo, en cuya Institución Pedagógica cursó estudios de especialización. Impartió lecciones de quechua, coordinó proyectos culturales en una biblioteca, dirigió talleres de literatura y ejerció la docencia durante varios años. Ha publicado: “Huelga y represión” (1979), “Días y noches de angustia” (1982), “Cuentos Violentos” (1991), “El laberinto del pecado” (1993), “El eco de la conciencia” (1994), “Antología del cuento latinoamericano en Suecia” (1995), “Palabra encendida” (1996), “Cuentos de la mina” (2000), “Entre tumbas y pesadillas” (2002), “Fugas y socavones” (2002), “Literatura infantil: Lenguaje y fantasía” (2003) y “Poesía boliviana en Suecia” (2005). Fundó y dirigió las revistas literarias “PuertAbierta” y “Contraluz”. Su obra mereció premios y becas literarias. Tiene cuentos traducidos y publicados en antologías internacionales. Actualmente escribe en publicaciones de América Latina, Europa y Estados Unidos. Es director responsable de la edición digital de Narradores Latinoamericanos en Suecia: http://www.narradores.se/ y del Rincón Literario: welcome.to/heterogenesis.

Bibliografía
Bettelheim, Bruno: Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Ed. Grijalbo, Barcelona, 1986.
Heisig, J.W.: El cuento detrás del cuento, Ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1976. Jung, Carl.G.: El hombre y sus símbolos, Ed. Paidós, Barcelona, 1995.

martes, 6 de enero de 2009

Re-Imaginando a la Astrología

Partiendo del postulado hermético: "Tal como es arriba es abajo, tal como es dentro es fuera", podemos pensar que la astrología explicaría: "Tal como es en el macrocosmos es en el microcosmos y viceversa".
La dualidad inicial y mas evidente se manifiesta en la alternancia entre día y noche. Esta evidencia de la rotación de la tierra sobre sí misma nos facilita la primera experiencia de pares de contrarios: La alternancia entre luz y oscuridad, entre el reino del día, de la razón, de las realidades objetivas, de la exterioridad y el reino de la noche, de los sueños, de la interioridad, de la imaginación, del flujo de la vida no sujeto a la voluntad diurna y por lo tanto de las imágenes y de su fuente: La Psique.
La astrología está ligada mucho más íntimamente con el reino de la noche, del saber esotérico, que con el reino del día, del saber exotérico (al cual pertenece el saber científico y entre otros la astronomía).
La astrología es una disciplina simbólica que no describe hechos y realidades cuantificables. Por supuesto, su fin no es la predicción o descripción de hechos y acontecimientos externos. La finalidad de esta disciplina es el estudio de los símbolos como imágenes vivas de la psique . El estudio de estas imágenes permiten encontrar una correlación entre vivencias internas o acontecimientos externos de una vida, con imágenes o mitos del inconsciente colectivo. Esta interpretación simbólica está sostenida por tanto, en imágenes arquetípicas, o dicho de otro modo: Cumplen con la misión de retornar los hechos y acontecimientos externos al Dios al cual pertenecen, a sus raíces imaginales.
A estas imágenes no solo le prestó atención la astrología, sino también la poesía, el arte, la mitología, las religiones y sus dioses, la psicología analítica y el saber gnóstico. Desde la premisa teórica que desarrolla C.G.Jung con su concepto de Inconsciente Colectivo y su técnica de la "Amplificación" entendemos que el astrólogo, cuando contemplaba el sol, no estaba tan solo ante una literal bola de gas incandescente, sino que estaba ante un cuerpo de naturaleza "divina", dotado de alma, (más tarde lo relacionó en la mitología griega con un dios llamado Apolo), del mismo modo que para cualquier persona con sensibilidad musical, cuando oye una pieza de Bethoveen lo que experimenta no son masas de aire que vibran, sino una excelsa obra de arte.
Siguiendo con la analogía que antes comenzamos entre los ciclos terrestres y celestes, podemos observar claramente, que el día se divide en cuatro partes fundamentales; alba, medio día, ocaso y media noche . Podemos encontrar en esta experiencia sus correspondencias simbólicas con las cuatro etapas de la vida, infancia, juventud, madurez y vejez. Las etapas del día, de predominio de la luz, corresponderían a las de la consolidación y reinado del yo diurno (juventud y madurez) y las etapas del día de predominio de la oscuridad corresponderían a las del reinado del mundo imaginal e interno (infancia y vejez).
En experiencia de sincronicidad ( Sincronicidad : concepto acuñado por C.G Jung. que explica la correlación de significado de dos acontecimientos acausales) el proceso anímico en estas dos etapas tiene un significado común :
La infancia nos lleva a sumergirnos en el exterior . La vejez nos sumerge " obligatoriamente" en el límite del cuerpo a una experiencia de pérdida de la agudeza de los cinco sentidos. En el final de la vida,lo importante ya no está en la percepción de una realidad exterior, sino en la disolución o el retorno de los hechos de la vida a sus contenedores imaginales, al descubrimiento de un cosmos igual de inconmensurable que lo fue el exterior, en la infancia, pero esta vez en el interior. La analogía del alba y el ocaso.
Si nos acercamos a la vida tal y como la comprende el saber astrológico, o sea como un ciclo; un círculo y no una línea recta (tal como la ve el ego), podemos ver como la psique es el rizoma y el fin de la vida humana. Así podemos ver el nacimiento humano y la construcción de la estructura yoica como la ola que surge del mar y la vejez como la ola regresando a su matriz, proceso a la vez análogo a mitos como el de la Caída y el Regreso al Paraíso perdido.
Una de las misiones de la astrología es devolver lo que la conciencia cree hechos "azarosos" de su existencia a sus raíces imaginales, a sus dioses, conectar los avatares de la existencia individual humana con sus raíces en el inframundo.
Solemos preguntarnos por las causas de nuestras alegrías y sobretodo por los motivos de nuestros sufrimientos. La misión rigurosa del astrólogo es transformar los porqués de la vida en para-ques . Dicho de otra forma: Conectar lo que llamamos los hechos con sus significados y propósitos y por lo tanto con el significado para nuestra alma.
El yo cree, muchas veces, que los hechos están desconectados de sus significados, de la misma forma que mantiene la ilusión de estar separado del universo. Todo lo que no entra dentro del campo acotado de sus límites es un gran tu inanimado, un gran objeto externo.
Los astrólogos deberíamos esforzarnos en no leer al yo del consultante (contar lo que se espera oír o hablar de hechos pasados o futuros), sino al alma (o psique) del consultante y para ello cuenta con la única herramienta válida; el símbolo.
La tarea consiste en poder entender que entre "yo" y lo que llamamos: "hechos de mi vida", hay una relación con significado, que es lo mismo que decir que entre yo y el Cosmos hay una relación con significado.
El yo se limita a dividir los hechos de la vida en agradables o desagradables, buenos y malos, y nos podríamos preguntar cuantas veces lo que hemos llamado épocas "malas" las hemos acabado por agradecer.
La astrología nos invita a un viaje desde Apolo, dios del sol, del día, de lo seco, la razón, lo separado, lo empírico, etc, a Dionisos; el regreso a las imágenes, a la psique, a la diversidad, a la imaginación. Por algo será que durante el día reina un solo dios, el astro Rey; Apolo, el único al que se le permite brillar y ser, pero la noche tiene la habilidad y flexibilidad para admitir la diversidad y multiplicidad de estrellas sin ningún tipo de conflicto de poder o hegemonía.
En el nacimiento de la astrología se hablaba de Cosmos, no de universo. El Cosmos es politeísta ya que el término se refiere a una dimensión donde convive en armonía la diversidad. Los nombres de los planetas están asociados analógicamente a la cosmología politeísta griega. Por otro lado, el concepto de Universo adquiere relevancia, de forma sincrónistica, con la aparición de las grandes religiones monoteístas y la hegemonía de un solo Dios redentor y salvador.
Un tema natal literaliza una imagen. Lo podríamos comparar con una foto tomada en un instante único de la existencia en la tierra (hora, día, año) y un lugar concreto del cuerpo de la Tierra (ciudad, pueblo, país). Esa imagen nos muestra la posición de los planetas del sistema solar vistos desde un instante determinado y desde un lugar concreto (latitud, longitud) de la tierra.
Oscar Adler en su maravilloso libro "Astrología como ciencia oculta" Ed.Kier, nos conecta con la imagen del hombre "hijo de la Tierra". Explica, con una metáfora, la inseparabilidad del hombre y el Cosmos, del principio sincronístico entre el macrocosmos y el microcosmos:
El saber astrológico brota de un conocimiento íntimo de la Tierra y sus ciclos: Así Aries corresponde al inicio de la primavera, a esa etapa del ciclo del sol a través de la eclíptica en la cual surge el impulso de la naturaleza a la exterioridad después de una etapa de frío y predominio de la noche sobre el día (otoño e invierno) y, lógicamente, el signo de Aries está dotado de sus mismas características: Impulso, heroicidad, energía, aventura, etc..., complementado con sus aspectos sombríos: Miedo a la inactividad, a la oscuridad (metafóricamente hablando), al fracaso, a la monotonía, impaciencia y miedo a lo que no crece ni cambia, etc. Este ejemplo muestra que el saber astrológico brota de un conocimiento íntimo, metafórico y por lo tanto analógico, que requiere de un contacto vivo en un entorno vivo.
Así pues, la astrología es un arte y cada interpretación astrológica un acto creativo, espontáneo. Tan creativo y espontáneo como ese instante único y vivo en el cual cada uno nace y que se explicita en lo que el astrólogo llama tema natal.
Un mismo astrólogo en diferentes instantes de su vida y de la vida de un consultante, no creará la misma interpretación, de la misma forma que tres buenos astrólogos no crearán la misma interpretación de un tema natal
Lo fundamental es que si son tres buenos astrólogos el cliente participará de tres buenas interpretaciones, de la misma forma que tres buenos fotógrafos no sacarán las mismas fotos de la Sagrada Familia aunque todas sea de la Sagrada Familia. Lo que sugiero es que la astrología es una disciplina creativa, en donde si no hay capacidad imaginativa no hay interpretación. Un ordenador no puede interpretar una carta, solo puede dar información, ya que no existe un tránsito de Saturno a la Luna natal separado del resto de la carta o del resto de tránsitos que se dan en un mismo periodo, o no hay solo un Sol en casa 1, sino que el tema natal es un organismo vivo donde no hay partes sueltas y separadas, es un todo interrelacionado.
La astrología no es una ciencia donde diferentes individuos con el mismo método llegan a un mismo resultado.
Por otra parte y volviendo a los juicios morales (sujetos a la época, educación, valores sociales, familiares, etc) ¿Cómo vamos a presuponer que hay instantes buenos o instantes malos? ¿Qué en nosotros se resiste a dejar ser a ese instante único y vivo que es un tema natal, a ese pensamiento de la Tierra, cuando calificamos un aspecto de nuestra carta o una posición planetaria como mala y negativa o buena y positiva? ¿Mala y negativa para quien? ¿Quién habla en uno cuando habla de bueno o malo y desde que prejuicios? Este es otro saber que nos puede aportar la astrología, el saber de nuestros prejuicios inconscientes.
La astrología está hermanada con la alquimia desde sus inicios y cometeríamos la torpeza de simplificar, si creyésemos que los que llamamos aspectos difíciles, como por ejemplo una conjunción entre la diosa Venus y el dios Saturno (Cronos), está para ser cambiada, para que alguien se esfuerce en "superarla" ¿Cómo vamos a cambiar nosotros a un dios? Más bien el dios aparece para "cambiarnos" a nosotros, al igual que los síntomas.
La astrología también nos habla de una necesaria transformación, (para el ego puede suponer derrota), como única posibilidad de descubrir el sentido de nuestra vida en relación a la gran Sinfonía Cósmica de la cual tan solo somos una nota. Si seguimos la percepción pitagórica del Cosmos y la genial imagen de la Música de las Esferas tan conectada a las raíces del saber astrológico.
Seguimos empeñados (y me incluyo el primero en la aparición del más mínimo lapsus) en hablar en términos de "mi carta o mi tema natal", como si fuese una posesión nuestra, de la misma forma que decimos "mis pensamientos, mis sentimientos". El tema natal no es "mío", esa cualidad de un instante vivo, del cual soy hijo, ese pensamiento de la Tierra, se puede compartir con muchos insospechados hermanos: Plantas, insectos, animales y quizás algún otro ser humano que hayan dado a luz bajo el mismo instante de la tierra que nosotros, en un radio no muy lejano al de nuestro nacimiento.
El individuo único que somos, lo somos nos guste o no, depende de lo que hagamos con esa singularidad que no escogimos (al menos conscientemente). Depende de nosotros servir conscientemente o solo mediante los síntomas, a los dioses de los cuales somos hijos, al igual que Jonás.Los hechos de nuestras vidas no tenemos más remedio que vivirlos y no se trata de "jugar" a predecirlos (dejemos trabajo para las compañías de seguros), quizás una de nuestras grandes tareas es descubrir el significado, el propósito de esos hechos, no solo limitarnos a vivirlos. Tenemos la posibilidad de experimentarlos como portadores de un significado que no nos pertenece, lo que equivale a vivir en un Cosmos que no es meramente un conjunto de leyes mecánicas y físicas sino un organismo vivo, portador de significado, de una voluntad y propósito propio del cual formamos parte.
De la misma manera que no podemos escoger los sueños que vamos a tener antes de acostarnos, existe una realidad psíquica que no es responsabilidad yoica. Tampoco elegimos muchas veces los estados anímicos, sentimientos, anhelos, pasiones y odios, que se presentan en nuestra vida diurna ; pero algunos de ellos regresarán una y otra vez, con diferentes vestiduras externas pidiendo ser entendidos. Atenderlos y reconocerlos dependerá, tan solo en parte, de nosotros. No escogemos las ideas ni los pensamientos que surgen en nuestra vida; pero depende de nosotros reconocer o no a los ángeles que los han hecho descender hasta nosotros y averiguar su propósito. Evidentemente ante la misma disyuntiva nos encontramos ante un tema natal. Nadie ha elegido conscientemente el momento y lugar de su nacimiento, su país, familia, el momento histórico, su cuerpo, etc, pero lo que un astrólogo nunca podrá saber al ver un tema natal de una persona desconocida es si ésta está sirviendo a su singularidad y con ello al Cosmos o si está viviendo a su contra.
Autor: Lluis Gisbert

domingo, 30 de noviembre de 2008

Introducción al Tarot



El Tarot es un libro escrito con imágenes y símbolos, cuyas láminas se van articulando entre sí, constituyendo un código. Es el origen de todos los juegos de naipes, aunque su sentido esotérico no se conserve en forma pública. Su nacimiento, se dice, se remonta al antiguo Egipto, y él constituye una manera de transmitir los símbolos secretos y sagrados de los iniciados herméticos, cuyo mayor auge se logra en la alta Edad Media y a principios del Renacimiento.

En realidad, el Tarot es un libro que en lugar de estar escrito con palabras derivadas de un alfabeto fonético, se encuentra plasmado de símbolos ideogramáticos y pictográficos, cargados de diversos sentidos, que funcionan conjuntamente entre sí.

Los orígenes históricos del Tarot son imposibles de rastrear, pero deben asociarse con la actividad lúdica-sagrada presente en todas las tradiciones conocidas y que, en base a la estructura matemática de los ritmos y ciclos universales, se refiere a la proyección de determinados acontecimientos que se manifiestan de forma cíclica, y de algún modo previsible, dada la carga que los hechos y fenómenos poseen, ya que tienden a reiterarse de una manera análoga, pero jamás exacta.






En diversas bibliotecas europeas pueden encontrarse distintos juegos de naipes, en particular italianos y franceses, que podrían ser considerados como los antecedentes directos del que hoy se conoce como Tarot de Marsella, cuya simbólica más conocida fue fijada en 1930 por Paul Marteau, aunque con antecedentes directos emanados desde el Renacimiento, y que adquieren forma casi definitiva en los siglos XVIII y XIX.

El Tarot consta de 78 cartas simbólicas divididas en 3 grandes grupos: el primero es el de los 22 Arcanos Mayores y constituye una introducción a todo el libro. Aprenderemos a jugar con estas cartas, e iremos dando sus significados una a una. Los otros dos grupos son llamados Arcanos Menores, uno compuesto de 40 figuras numeradas de 1 a 10 en 4 colores o palos, y el otro de 16 cartas, llamadas de la Corte, divididas en 4 jerarquías: Rey, Reina, Caballero y Paje, en cuatro colores.


El Tarot contesta en profundidad, y su "tiempo" no está sujeto a medidas estrictamente estadísticas. Más bien es el conjunto de las imágenes que nos transmite, y aquéllas que oscuramente se van haciendo en lo más hondo de nosotros, lo que otorga su valor "práctico" a este Libro Sagrado, que a veces actúa de un modo tan paradojal como indirecto. Su "efectividad" no radica tanto en sus manifestaciones vinculadas con nuestros deseos más inmediatos, sino con aquéllos más lejanos, que están latentes en lo ignoto de nuestro ser. El Tarot no se equivoca. Somos nosotros los que aún no hemos terminado de comprenderlo, o descifrarlo. Ese acercamiento paulatino a su esencia, configura un viaje apasionado de relaciones simbólicas.



El maestro del Tarot hereda los alegres colores de los naipes y las actitudes despreocupadas, o por ventura desenfadadas, de El Mago y El Loco, más mercuriales que saturninas, gestos emparentados con los juglares y trovadores medioevales de la Provenza –y también de Italia y España–, una de cuyas ciudades más importantes, Marsella, nos legó la baraja esotérica.


Uno de los inconvenientes que he encontrado al intentar estudiar las cartas de Tarot, ha sido el enfoque totalmente predictivo y de feria, en la mayoría de los textos dedicados al tema.

Las imágenes del tarot y sus símbolos establecen un puente entre la mente consciente e inconsciente, pudiéndose aplicar como una terapia muy efectiva.
El Tarot como terapia puede ayudarnos a canalizar las energías y usarse como sistema de meditación.




El Tarot refleja el interior de la persona, su situación y tendencias. A través de él podemos ver significados recónditos de nuestra vida. El enfoque terapéutico del Tarot propende al uso de los arcanos como guías de autoconocimiento y diagnóstico, pero también como estímulos para nuestro subconsciente en la consecución de los cambios evolutivos tendentes a contrarrestar modelos negativos de conducta y más aún, las creencias limitantes y castradoras subyacentes.


El verdadero fin del Tarot es el autoconocimiento transformador. Los arcanos sugieren e inspiran un significado que nos orienta en tal sentido, nos permite hallar consejos para el bienestar y estimula nuestro progreso personal. Nos permite identificar aquello que nos causa dolor y retrasos y nos señala opciones para superarlos.



Nos revelan nuestras necesidades, nuestros deseos escondidos y nuestros temores. Nos ayudan a saber qué está pasando en nuestro subconsciente e inconsciente, luego a conocernos mejor. Las facetas luminosas y oscuras de nuestra psique se manifiestan es toda su magnitud durante el sueño y a veces no nos reconocemos en ellos. El Tarot, con su lenguaje simbólico, nos muestra lo que debemos reconocer y quizá resolver.


En cierto sentido, nuestro futuro no es un misterio, es la consecuencia de las elecciones de nuestro presente y pasado. Lo estamos "moldeando" con cada decisión, como efecto de la ley de Causalidad (acción y reacción). ¿Cómo elabora la ciencia sus predicciones si no es a través de la observación del pasado y el presente de su objeto de estudio? En realidad lo que vemos como futuro no es más que una tendencia predecible, o tendencia posible, según los datos que nos proporciona el pasado.
Cuando un tarotista (astrólogo, lector de runas, etc.) asegura "éste es tu futuro" lo hace en función de los datos que observa. Pero, también puede estar reforzando las creencias del consultante, convencido de que la predicción "siempre se cumple", y creando un condicionamiento que lo conduce a esperar las señales que confirmen la predicción o -peor aún- a crear esas señales.


Debemos más bien hablar del futuro como un tendencia en la cual reconocemos en el sujeto su libre albedrío y capacidades transformadoras. Esto da a una consulta (ya sea de Tarot, Astrología, Runas, etc.) una calidad y trascendencia incalculables.Respecto al Tarot, sí nos permite deducir tendencias, pero dejando muy claro que ese futuro es un "escenario posible", una consecuencia de las actitudes del consultante y su circunstancia. Y que dicho "escenario" puede ser mejorado o transformado mediante la voluntad de cambio de individuo.
Enfocar el Tarot como vía de autoconocimiento reviste un enfoque terapéutico, pues transformamos este sistema simbólico en un instrumento de ayuda para el auto-reconocimiento personal y auto-transformación.


Textos extraidos de: Tarot y Cosmovisión de Federico Gonzalez
y Tarot para el Autoconocimiento de Marianela Ramirez

martes, 25 de noviembre de 2008

El Punto de Inflexión en la Vida. C.G. JUNG

" Quien se protege de lo nuevo,
de lo ajeno, y regresa al pasado está tan
neurótico como quien se identifica
con lo nuevo para huir del pasado. La única
diferencia es que uno se ha distanciado del pasado y otro del futuro.
Los dos hacen esencialmente lo mismo: rescatar la estrechez de
su consciencia en vez de hacerla estallar en la tensión de los
opuestos para crear un estado de
consciencia más amplio y elevado. "

"Los grandes problemas de la vida nunca se resuelven para siempre.

Si alguna vez parecen estar resueltos se trata siempre de una pérdida.

Su sentido y su finalidad no parecen residir en su solución,

sino en que nos ocupemos constantemente de ellos.

Sólo eso nos libra del atontamiento y del anquilosamiento. "


"Mucha, demasiada vida que también podría haber
sido vivida, queda tal vez arrumbada en el trastero de los recuerdos polvorientos,
aunque quizá queden todavía brasas bajo las cenizas. "

"El neurótico es alguien que nunca acaba de estar conforme con el presente y que,
por esa razón, tampoco puede alegrarse del pasado. Del mismo modo que antes no
pudo despegarse de la infancia, ahora no es capaz de desembarazarse de la fase
juvenil. Incapaz de adaptarse a la siniestra idea de envejecer, mira
desesperadamente hacia atrás porque la perspectiva hacia adelante le resulta
insoportable. Así como el niño se asusta del desconocimiento del mundo y de la
vida, así también el adulto rehuye la segunda mitad de la vida, como si en ella
le aguardaran tareas desconocidas y peligrosas, o como si se viera amenazado por
pérdidas y sacrificios con los que no pudiera cargar, o como si la vida anterior
le pareciera tan bella y tan valiosa que no pudiera prescindir de ella. "


"La persona entrada en años debería saber que su vida no asciende ni se ensancha,
sino que un inexorable proceso interno obliga forzosamente a su estrechamiento.
Para el joven es casi un pecado o un peligro ocuparse demasiado de sí mismo,
mientras que para la persona entrada en años es un deber y una necesidad
dedicar mucha atención a uno mismo. "

C.G.Jung. "La dinámica de lo inconsciente." Obra completa. Vol.8, Cap. 16
Ed. Trotta, S.A. 2004